miércoles, 17 de febrero de 2010

El marco de la ventana

Entonces el verbo se desdijo. Acabó con un ladear o algo semejante.
Los adoquines están húmedos pero nadie sería capaz de afirmar si ha llovido. Simplemente es un día de esos, cargados, y la bruma se agarra embriagada a las farolas.
Es una noche de captura y saqueo. Cada espalda me recuerda a la tuya, cada corte de pelo, cada gesto al azar. Fuiste todo aquello que no transcurre. La inmovilidad del deseo.
Es una jaula ésta, en la que me muevo. La que decoro, la que transcurro. Entre cuyas paredes me zambullo con desgana.
Dicen que la distancia es vacío, y la soledad es libertad. Cada movimiento de tus dedos teje la silueta de la prisión invisible.
Cambio todos los muebles de sitio y al otro lado del alumbrado hay un recuadro, una diapositiva lista para disparar. Una cabeza inmóvil frente a la pantalla de un televisor. El sueño de otro persona. Un silencio por determinar.

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