El sol siempre sale a nuestras espaldas y andamos pisando nuestras sombras, como si lleváramos a rastras una parte de nosotros. Vamos poniendo cada uno de nuestros pasos sobre una línea imaginaria, y el suelo está trazado en paralelas y perpendiculares. Todos giramos a la vez sobre nosotros mismos. ¡Sssshiup! suena el asfalto con tanta suela rozando a la vez, como si fuera el azufre sobre el que se enciende una cerilla. ‘Ya no hace tanto calor, es más como una brisa sofocante en un día fresco, ¿no crees?’ Me pregunto qué es lo quieres decir cuando me hablas del tiempo y cuantas aves rapaces hacen falta para reducir un cuerpo a sus huesos.
Qué cosas dejan de importar cuando amas a alguien…, qué palabras dejas de decir…, qué pensamientos dejas de pensar.
‘Give me back my bone!’ No sé si llegaremos a tiempo o justo demasiado tarde. El coche no nos va a esperar con el motor encendido y al final todos los días acaban siendo el mismo. Arrancan, dejando una nube de polvo tras de sí, y corremos, perdiendo el aliento mientras les vemos perderse en el horizonte. Todos son el día en que te pierdo. Me giro y ya no estás a mi lado. El sol me da en la cara, debe de ser mediodía. Me pregunto cómo será arrastrarse por el suelo como un escorpión en la arena del desierto a mediodía. Los postes de la electricidad crepitan con el calor y los cables ondulan en el aire, como una comba sin niños que saltar.
Estamos sentados sobre dos sillas, con una mesa entre nosotros sobre la que hay dos tazas de café. La mía ha dejado un círculo de color castaño sobre la mesa rayada y me siento como si viviera en una película que estuviera llena de flashbacks. Estamos frente a frente, pero ambos llevamos bozal. Creo que si me esfuerzo mucho, a lo mejor podré comunicarme telepáticamente aunque algo me dice que esto lo he intentado antes y que nunca funciona. Miro los tachones de la superficie de la mesa. Levanto la mirada y andamos otra vez lado a lado, justo a la distancia suficiente para no tocarnos nunca. Toca girar, y me da el sol de la tarde en la cara y lo miro directamente, para que me ciegue, y ver pequeños círculos de color rojo y verde detrás de mis párpados mientras camino. Me pregunto si alguna vez alguien tropieza, y si cae, y si otro se desvía de su rumbo para ayudar.
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