jueves, 4 de agosto de 2011

Las colinas y el tiempo

Las colinas están vacías.
Indiferentes e inmóviles
no contienen tesoros ni dragones
y no son la coraza de algún lugar mágico,
donde cobijar fantasmas ennoblecidos por el tiempo.
Las colinas están vacías por dentro
y por fuera cubiertas de nuestros despojos.
Lugar de memorias, a veces,
a menudo lugar de llanto,
en ocasiones, de una centelleante felicidad.
Es cierto lo que decías, la muerte no es una cosa trivial.
Y es cierto también que nacimos incapaces
que vemos desde fuera,
seguimos el transcurso y olvidamos las acciones.
Y las colinas ahora están verdecidas,
porque su pasado es sencillo.
Porque han sido tierra que remover,
cimientos, surco y tierra a la que volver.
Los cuerpos se esconden bajo las raíces
sus historias tendidas al sol
sus voces polvo y barro.
Y sus palabras fueron las mismas que las nuestras
vanos objetos inexplicables,
Maraña voraz y destructora,
Elaborada muralla
que las colinas han derribado.
El tiempo siempre devuelve la tierra a la tierra,
las palabras al aire
y las voces al silencio.

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