lunes, 9 de abril de 2012

Hasta que se apague el mundo


Estamos caminando por el ocaso y entiendo claramente por qué lo consideraban antaño la hora de las brujas. Las figuras se alargan en la oscuridad, el cielo es de colores imposibles - destiñendo su luminosidad hacia un azul abisal – y parece que sea el mar quien nos engulle desde arriba. Una enorme y voraz mandíbula bajo la que nos ahogaremos. Y nos imagino a todos flotando bajo el agua, la noche una terrible ola en que todos somos abrazados, ingrávidos, perdiéndonos poco a poco en la oscuridad de las profundidades.

¿Qué esconde el agua? …Tantos cuerpos acunados bajo su manto. Cada vez que me baño pienso que esa agua en que chapoteo es la misma que ha atrapado con sus tramas a tantas almas perdidas en el mar. En ese momento imagino sus dedos, sin un cuerpo al que pertenecer, necesitando agarrarme, necesitando ser recordados... Y cuando llueve, caen pedazos de almas perdidas sobre el cemento de la ciudad. Me pregunto si esa es la eternidad, beber los sueños de los demás, ejecutar sus acciones en otra esfera de esa implacable línea temporal, imaginar que somos únicos y olvidar que pereceremos sólo para necesitar regresar siempre a los sueños y las memorias de los vivos.

No hace falta tanto para desaparecer, ¿sabes? Un parpadeo, una duda, cuatro tormentas más y unas cuantas olas. Realmente nadie está seguro – me pregunto, a veces, cuántos besos más voy a robar, cuántas lunas veré despertar, cuánto tiempo perdido me queda por olvidar. Cuantas canciones por escuchar, cuantos libros por leer. Cuantos espectros a los que amar. Pero sobre todo me pregunto qué creo merecer. Si en esta interminable historia que se repite desconociéndonos habré escrito una sola letra de sosiego en la que plegarme hasta desaparecer. Para caer como frías gotas aletargadas sobre una ladera en primavera, hasta que duren las estaciones, hasta que se apague el mundo. 

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