jueves, 21 de mayo de 2009
Tanto y tan poco
Soy no tanto que me disolvería en un charco de cualquier calle y contaría los números de los pies que pasan por encima de mí, con una capa transparente y elástica entre mi rostro y sus pisadas. Soy no tanto que empiezo a caminar atropelladamente cuando paso delante de la heladería vacía, con su terraza bien puesta y la pareja anciana de dueños sentada en el centro mirando a la calle como un gato que mira una pecera. Soy no tanto los días impares y los días pares y los días bisiestos y los siniestros. Soy no tanto cada vez que miras a través de mí, cada vez que paso a tu lado y no bajas la voz en la animada conversación que tienes por el móvil, cada vez que te pido la cuenta. No tanto, ni mucho menos, ni siquiera me acerco a nada más. Soy no tanto que, seguramente si pusieras una lámpara detrás de mi espalda, verías la luz atravesarme. Que cada vez que abro la boca engañaría, pero de cualquier manera no me ibas a creer. Que puedo ponerle pegatinas a mi cuerpo diciendo ‘pecho’, ‘pierna’, ‘brazo’, ‘labios’, y aún te llamaría menos la atención que el escaparate más cercano. Soy no tanto que no tengo huellas dactilares, sino un espacio vacío que se puede modelar al gusto. Que cualquier personaje puede ponerse mi máscara, y mover mi boca por mí, hacer que mis ojos vayan de lado a lado como un títere y girar mi cabeza. Usar mis palabras para construir las frases que quiera. Soy no tanto que lo que se refleja en el espejo en verdad no soy yo, sino un espectro que se acicala divertido despues de tanto tiempo en mi lugar. Soy no tanto que a veces incluso creo que soy. Pero no soy tanto.
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