jueves, 13 de agosto de 2009

Una semana de hoy

Nos divorciamos para estar solos. Qué desfachatez. Podríamos haber compartido nuestro tiempo con cualquier aspirante aún estando juntos. Elegimos mal, como de costumbre. No es cosa nuestra eso de acertar a la primera. Voy vagando de puerta en puerta, cogiendo número. Cualquier noche puede ser tu noche. ¿No te sientes afortunado? Puedes amar a alguien un segundo y doblar la cabeza sobre la almohada al momento después. Cuando abres la persiana y te da el sol en la cara te das cuenta de que estás igual de solo durmiendo acompañado. Gira la cabeza y observa el cuerpo que yace sobre la cama. Tan ajeno como la historia de un viaje. No quiero ver tu cara cuando me miras así. Sube la marea a través de la ventana, con el eco de mil desahogos y la luz atraviesa tus párpados cerrados. Ese es mi trabajo y es un buen trabajo. Puedo hacerte olvidar que amas durante el tiempo que necesites. Puedo llevarte al lugar donde no llegan las cartas, los coches y las llamadas de teléfono. El lugar que conoces tan bien, con el que todo el mundo sueña con el cerrojo echado. Puedo desdibujar lo real como si lo frotara con una goma de borrar. Así podrás volver a empezar de nuevo, trazar un castillo más grande, sombrearlo y contornearlo; colorearlo para poder vivir mucho más feliz en él. Todo lo que yo te quito es para devolvértelo más grande aún. Lo hincho como quien rellena un globo de helio. Volátil y grandioso. En tus manos está agarrarlo con fuerza o dejarlo volar. No te des la vuelta, aún no he acabado. Pavimento un camino llano entre hogar y hogar. No tienes nada que temer, a mí nunca me creerán. Soy como Papá Noel o el ratoncito Pérez, un cuento de niños. Todo aquello que les pasa a los demás. Mi poder es uno de los más desconocidos; tanta gente hay que lo tiene y no quiere enfrentarse a él. Si tomara forma, seguramente se arrastraría como un reptil, sabandija nocturna de sangre fría. Tú también lo sabes reconocer en el pasillo de cualquier bar, con un brillo metalizado en cada movimiento, desconociéndose a sí mismo aún. Sólo hay un paso de la noche a la mañana. Entonces es cuando tú te lo quedas todo y yo me quedo sin nada. Ya sé que es lo normal, pero no te equivoques, otro éxito no me quita mérito. Todo se puede perfeccionar.

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