Cae la tarde a cámara lenta
y susurras que las cosas nunca se crearon con palabras
Es la inactividad nuestro tesoro más preciado
Aquello de lo que nunca quisimos desprendernos
Vivimos ese momento en que es más importante el juego que la verdad
No es cierto que los hilos que manejan sean invisibles
es que tienen las manos vacías.
Los surcos de la memoria son circulares
torneados por dedos desnudos,
labios y tierra.
Preguntas qué queda cuando los símbolos se hacen añicos
y el espacio es atravesado por tu voz.
Puede que la oscuridad entre dos estrellas sea más profunda
pero es sólo porque tienes algo con que comparar.
No se comprime, no se modula, no es materia
pero se navega cada noche
es la medida, la distancia, el desierto entre nosotros.
Está en cada instante que se esconde entre un pensamiento y su enunciación.
La ciudad cabecea
ajena al cosmos que oculta tras cada puerta
y orbita perezosamente sobre su delimitada trayectoria.
Las medidas mudan su extensión sobre las sábanas
dilatadas con el calor húmedo del verano.
Los volúmenes están deshabitados.
La habitación está vacía.
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