Qué imagen más manida, la del castillo de naipes.
Qué camino tan tedioso hacia el corazón del hombre.
Hay palabras que desterrar,
una percepción acaba donde empieza otra
y nadie es merecedor ante ojos ajenos.
Exhorta, apremia, demanda en vano.
Los vocablos se conforman entresijo,
es un desentender, desenmascarar, otorgar.
El uno es sombra del otro,
cosida a los pies con un fino hilo de latón.
Los lazos no son trasparentes, simplemente son.
Y dejan de ser
en cada individuo.
El tiempo, dices, es cuestión de perspectiva
Como lo es el espacio que habitamos.
Se observa el miedo sobre la camilla,
alimentándolo de espejismos y ficción.
Y preguntas cómo eres más libre, si cautivado o desierto.
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