miércoles, 25 de agosto de 2010

Somos restos que caminan

Cada noche moldeo tu cuerpo con mis manos
piel, barro y agua que mis dedos arquean y tallan
la materia se esculpe, pero no se puede tocar aquello que lo forma.
Lo intrínseco, lo subjetivo, las fórmulas que lo crean, que lo mantienen unido
se esconde en el vacio entre los surcos de cada huella.
Y nunca ha habido nada más distante que aquello que encuentro en tus ojos pero no puedo tocar.
La memoria viene y va como la marea,
está impresa en el diminuto espacio entre la parte más pequeña de ti.
Es ahí donde encontrar los sueños, las historias, el deseo.
Es un lugar, pero no lo es. Permanece pero cambia.
Es aquello que atrae a los cuerpos
algo inevitable, inexplicable
Como la gravedad.

Estas lleno de palabras
con un sabor arenoso y metalizado
las que recoges y guardas, las que nunca dices, las que callas.
El silencio las amplifica, como espectros
ecos de todas las acciones que no pasaron, las promesas que se rompieron, los secretos que se traicionaron.
No se trata de acercarse a otra cosa sino de alejarse de algo.

Somos restos que caminan.
Algo breve, como el fragmento que ocupa el manillar de un reloj
con su suave curvatura
Construimos recuerdos a cada momento,
nos convertimos en ellos, somos una evocación que será olvidada.
Perseguimos líneas,
senderos que se forman ante nosotros
caminos de incertidumbre, de trazos paralelos, donde cada paso deshace las posibilidades del anterior.
Aprendo a no pedir lo que querría me fuera dado,
una renuncia equivale a un anhelo
la expectativa deja de ser inmaterial
se transforma en algo vivido
y existe ajeno, intangible, adherido a los movimientos y al tacto.

Cada canción elabora una historia
en los minutos que atraviesan la oscuridad
una historia hecha de tierra y basalto
labra las cosas que conocemos surcando las que están por conocer.
Y quisiera deambular por lo inevitable
tejido de leyes, vínculos y pautas
no siendo, sino estando
cumpliendo y no realizando.
Desconocer, ser inconsciente, ejecutar.
Una masa ilustrada de letras y números, un elemento sin ausencias que se puedan poblar.
Algo deshabitado.

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