Todo está en las palabras.
Esas combinaciones que convierten
un concepto en algo extraño
la seriedad desnudada por el descaro.
Todo es ruido blanco,
el espacio donde todas las frecuencias se igualan,
donde lo severo camina de la mano de lo leve.
Esta dentro de algún sitio,
escondido entre las dendritas de cada neurona
en su excitabilidad eléctrica.
A veces se descubre,
entre los silencios, se transita
y las equivalencias dejan de existir
enturbiadas de uniformidad.
Entonces el habla es magia,
las rocas tienen una gran personalidad
y evitamos aquello que nos da miedo.
En ese instante lo dicho es a la vez sinsentido y sistema,
mandamiento y caos.
Como lo es siempre, pero despojado.
Toda falsificación del código disuelta.
Ahí se esconden los momentos de absoluta certeza,
de incondicional futilidad.
Aunque puedes llenarlo de cosas por romper,
el vacío es siempre lo más íntimo
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