martes, 2 de noviembre de 2010

Anegados

Pregunto si te conviertes en lo que creas
lo producido existe ajeno al creador.
Lo enunciado ya no pertenece a nadie salvo a la marcha del tiempo.
Las acciones consolidan edificios,
bloques de cemento alineados en calles interminables.
Cada vida una ciudad de hologramas.

Qué hacemos con esas huellas.
Como pesa cada paso sobre la espalda pero flota a través del devenir.
La carga nos aplasta,
liberada de su cometido, navega el aire como una burbuja.

Dónde perdimos las perspectivas.
Sumergidos cada mañana en un laberinto anegado de metas y motivaciones.
Respuestas sin ser preguntadas anidan sobre la necesidad de ser algo más que cualquier cosa. La torre del merecer está construida de necedades
con masilla de cordura, inestable y caprichosa.
Nos delata nuestro deseo de eternidad, nuestros sueños de grandeza.
Serán los que subsisten quienes conozcan la vida real.
Su tiempo hostil, de destrucción fugaz, de surcos sobre senderos.

La esencia existe en el espacio que separa cómo nos conocemos de cómo somos percibidos. Todas las ciudades se imaginan y las fantasías mueren al despertar.

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