Todos somos únicos e irrelevantes.
La época de los grandes gestos se ha disuelto con el tiempo,
la mundanidad eclipsa inexorablemente a los arquetipos.
Es arcaica la búsqueda, anacrónico el cambio.
Bajo cada cama se esconde un insecto,
solo damos lo que nos es quitado.
Hay criaturas de ficción en nuestras calles,
memento de otra manera de vivir,
algo de lo que avergonzarse, a lo que mirar con recelo.
Un sendero de cerraduras se alinea, entrelazadas ante cada uno.
Recoge esa moneda del suelo, porque siempre hay deseos que pedir.
Todos deberíamos tener una buena colección de alambres.
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