jueves, 14 de abril de 2011

En el horizonte. I

Hay momentos escasos en que el cielo tiene ese color azul imposible que sucede al anochecer. Es un color que se cuela entre los edificios, que se vislumbra entre muros y paredes. Sólo sucede en las ciudades, donde el resplandor que perdura del sol ha de competir con la luz amarillenta de las farolas. El tono de ese azul es inexplicable. A los ojos del caminante es de noche, las calles están oscuras y todo el mundo transita cabizbajo, apretando sus brazos contra el pecho, con las manos en los bolsillos. Pero allá arriba, en el horizonte, el azul es luminoso. No hay rayos de sol, pero su brillo permea el cielo. De algún modo el azul emite luz en su profundidad, que son las alturas; mientras las sombras crecen en la tierra.

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