martes, 2 de diciembre de 2008

Las fronteras de la memoria

Creo que el cuerpo tiene memoria. Que la piel recuerda a las personas que la han tocado. Que, en alguno de esos momentos desprevenidos, de repente ese extraño lugar entre el diafragma y el abdomen se remueve. Es como si unos dedos invisibles te tocarán o, de forma más precisa, es como si dentro de tí se removiera la sensación que te dejaron esos dedos al pasar. El vacío, los pelillos volviendo a su estado natural, el calor que desprende el leve deje de sudor de cada dígito. Como si los labios pudieran sentir la respiración de otra boca junto con una inexplicable sensación de necesidad. El pulso tiembla y luego ha pasado todo. Nunca dijo nadie que la memoria fuera longeva.

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