lunes, 1 de diciembre de 2008

Pensamientos del viernes

Hay demasiadas cosas que distraen y ninguna que te ayuda a concentrarte. Hoy, al salir de la piscina con cuatro grados en la calle el tipo de la puerta me ha dicho ‘hay que salir’. Me estaba poniendo las mil capas cebollineas que suelo llevar en climas polares. Le pregunté que quería decir exactamente. Me dijo que eso, que hay que salir haga el tiempo que haga porque las cosas no te van a pasar en casa. En casa no vas a conocer a nadie nuevo, me dijo. Qué razon tiene porque es completamente cierto. Joder, debo llevar escrito ‘crisis’ en la cara.

El otro día fui a la opera. No porque quisiera, sino porque tenía que ir con los estudiantes y acabé disfrutando como una cría, ya ves. Ellos hasta las narices y yo con la lagrimilla. Era por el padre de la que moría en escena con su amante. Básicamente me parecía injusto. Me daba un poco igual que ellos murieran, el tío era un poco tonto, pero él envenenaba sin que ella lo supiera a su ex prometida que acababa de decirle a su padre que no se iba a suicidar, que permanecería con vida para cuidar de él y que se irían juntos de la ciudad donde ella había sido deshonrada. Y luego llega el novio tonto y se la carga. En fin, así es la vida. Pero no era eso lo que me llevo a la crisis. Fue ver a los músicos trabajando tan técnicamente un arte. Ayer también. Fui a un concierto de uno de esos grupos de swing revival y tocaron como dioses. Uno de los temas era una versión larguísima de’salt peanuts’ de Dizzy Gillespie. Cada uno de los instrumentos tuvo su momento de lucirse. Eran increíbles, realmente maravillosos. Me sentí como si estuviera en una escena de ‘on the road’ con Kerouac en una noche revolucionaria llena de locura, gente sudando, luces temblando y tipos negros tocando el saxo. Noches bañadas en talento y libertad. Y pensé que, aunque en principio no creo que me jodiera el fin del mundo, realmente me daría pena que el arte dejara de tener sentido porque no hay nadie para apreciarlo. Imagino instrumentos abandonados, lentamente haciéndose viejos con el sinsentido de que no hay quien los toque. Canciones mudas porque nadie las puede oír. Imagino libros pudriéndose porque no hay quien los lea, cuadros enmoheciéndose y edificios siendo tomados poco a poco por la naturaleza. Empieza a dolerme el estómago de forma casi inmediata. Es algo realmente terrible.

El otro día estaba con Kelly y Dolo y pusieron el ‘Loosing my religion’. Curiosamente ambas me dijeron que ahora cada vez que escuchan ese tema piensan en María y su vecino. Eso viene a decir lo poco original que soy con mis historias. Pero me pareció algo casi sobrenatural. ¿Cuánta gente habrá en el mundo que conozca esa historia? Un puñado, con la misma referencia de esa pieza. Para cada una de esas personas María tendrá un aspecto, y la habitación será distinta y el vecino bailará de un modo diferente. Pero de eso se trata. Un nuevo arquetipo a pequeña escala sobre el que se pueden hacer versiones. Ahora tengo puesto Dizzy Gillespie y tengo que salir en un rato al frío polar porque el de la puerta de la piscina, que debe tener un sexto sentido, tiene razón. Hay que salir. Es como una lucha entre mi cuerpo y mi cabeza. Piscina para estar sanos y borracheras para perder la salud. Tomando una cerveza en el chill out – miento vilemente, de hecho fue un mojito – Karina hablaba sobre eso. Sobre salir, sobre su etapa en que curraba en discotecas y como salia de casa el viernes tarde y volvía el lunes por la mañana. Que ella y sus compañeros iban de casa en casa, de trabajo en trabajo y apenas descansaban pero que era un momento realmente especial. Últimamente mi cabeza no me pide descansar, sino destrozar mi cuerpo. Es como la guerra, le dije. Hablaba sobre lo mismo, sobre salir hasta mucho más allá de las veinticuatro horas. Que frívolas, respondió Andrea. Y que razón tenía. Nuestros únicos problemas eran no dormir y beber demasiado. Cuanta frivolidad y hedonismo. Doy gracias por que me haya tocado vivir esta parte del mundo. Creo que empiezo a adorar preocuparme solo por el hedonismo y veo lo fácil que es enredarse en las tramas que crea a tu alrededor. Puede que necesite despertar de vez en cuando. Solo que eso implicaría que duermo, y no tiendo a hacerlo mucho últimamente – eso que me encanta.

Me gusta que cuando voy borracha las cosas son de otro modo. Cuando combino borrachera y cansancio es como un sopor entusiasta. Sobrepasar el límite que tienes físicamente y vivir solo del aire que corre a tu alrededor. Es un estado más o menos constante de socialidad abrumadamente feliz. De vez en cuando me vienen flashes sobre qué pensarán otras personas de mí. No necesariamente porque esté haciendo nada extraño, simplemente porque soy consciente de que lo más probable es que recuerde solo un 60% de todas las tonterías que digo por la noche. Espero no acostumbrar a ser soez, aunque no creo que tienda a serlo. Algún día podría llevar una grabadora alguien para que luego sepa de qué hablo normalmente. Ahora mismo me muero de sueño y estoy cansada físicamente. Tengo que salir dentro de un par de horas porque acabo de cancelar uno de los bolos de esta noche. Mejor para mi cuerpo, peor para el bolsillo. El doblete, de todos modos, es una putada. Bueno, iba diciendo que tengo un par de horas y no consigo encontrar una excusa mejor para no tirarme un rato que encender el ordenador y escribir. Ponen en la tele ‘el día de mañana’ que me parece una película muy buena, de hecho – será eso de que mi padre es meteorólogo y que lleva años taladrando con el cambio climático – pero ya lo he visto tantas veces en el autobus con los americanos que no puedo verlo más. Esta vez también miento; podría verlo cien veces más si no hay nada más que ver. Hace un montón que no pierdo el tiempo delante de la tele. Casi casi echo de menos algunas de las series que veía de rebote. Pero solo casi.

El otro día pensaba que hubo una extensa migración interior de gente en EEUU durante los 50 y de nuevo durante los 70. Jazz y psicodelia. Blues y rock. Es bastante normal plantearse cómo hubiera sido tu vida si hubieras nacido en otra época. Posiblemente me gustaría ser de alguna de esas generaciones, de tener que elegir – entre otras cientos de opciones que me están bombardeando ahora mismo pero de las que no voy a hablar, que si no me lío. El dueño de Mr. Bones en ‘Timbuktu’ era uno de ellos. I am a walker, como dice Thomas Feiner, and so away I walk. Creo que el nomadismo es algo innato en muchas personas, al igual que lo es el sedentarismo en otras. Pero puede que me equivoque. Se ha acabado el disco. Imagino que es una señal.

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