viernes, 13 de marzo de 2009
Ebrioescritura
Si hubiera nacido ayer, el mundo me parecería un lugar donde las cosas pueden suceder, donde hay metas y esperanzas y donde lo que uno hace es a donde a uno le lleva. Pero no naci ayer. Nací hace muchos ayeres y se han ido acumulando. Y ahora el horizonte está lleno de colores grises, como un lienzo de Zóbel. Grises y pasteles, aplastados en dos dimensiones, deseando poder salir. Un lugar inhóspito me espera, donde las cosas que piensas y las cosas que haces nunca deben andar de la mano, salvo que busques descaradamente el dolor. Ayer puede que sea un lugar con más color que mañana, dentro de los negros, blancos y las sombras que tocan el technicolor. Hay una silueta recortada, tal cual, por las tijeras inexpertas de un par de niños, sobre el foco del momento. Si la miras de soslayo la podrás ver con claridad, pero si la miras de frente se difumina. No es que te falle la vista, es que solo existe de verdad para la gente como tú, la que cree que en impensable y se alinea en filas geométricamente dóciles para obedecer las órdenes que fueron dadas tantos años atrás. Si das un paso, la silueta se mantiene en el mismo lugar. Y puedes pasar la palma de tu mano a través de sus curvas, sintiendo un golpe de frío cada segundo al deslizarte. Es la ausencia, la desaparición, el naufragio, la pérdida. Puede que no sea nada. ¿Tú lo has notado? Yo ya no estoy segura. En un segundo ya forma parte del pasado. Un instante incontenible, desbordante, conmovedor y absolutamente hueco. Como un paseo por una arena cálida, despreocupada, donde los espejismos se mudan cada vez más lejos hasta que las palmeras se convierten en memoria, sonrisa imperceptible en los labios, imagen borrosa y nada. No estoy a tu altura ni a la de nadie. Me muevo sobre zapatos algunas tallas más grandes, que me quedan perfectamente gracias, porque soy lo que soy y no lo que querría ser. Las conversaciones acabaron en tablas, pero los dos estamos cansados de jugar, aunque cada uno ha tenido derrotas diferentes. Si hubiera un solo deseo que formular no podría hacerlo, porque mi saliva está trasnochada. Qué más da. Mañana es un lugar tan lejano y solitario como cualquier día. Así que aguardemos.
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