lunes, 9 de marzo de 2009

Juventud Imaginada

La semana pasada estaba tan segura de mi misma que llegué a comprarme un libro de amor. De hecho es uno que ya había ojeado y había decidido que no compraría. Pero unos días después leí una muy buena reseña del libro y, estando en Estella, decidí comprarlo. Primero tuve que buscar una librería, luego explicarle al pobre librero de qué trataba el libro porque no recordaba ni el título ni el autor ni la editorial y finalmente, cuando la mujer del librero reconoció de qué se trataba, me tocó volver al albergue a por dinero porque no llevaba suficiente. Total, que al final lo compré, y ya de paso estuve hablando de jazz de la vieja escuela con el librero un rato. Resultó ser músico aficionado, y buscaban contrabajista. El caso es que me leí el libro el mismo día, y me pareció bastante insulso e infantil, pero eso es lo que tienen los adolescentes japoneses, supongo. No obstante, tenía algunos conceptos buenos. Mientras lo leía tres chavales de Barcelona estaban hablando entre ellos de una chica del gimnasio, que se había tirado uno de ellos. Contaba como se la había camelado y que cuando quedaba con ella tenía que hacerle cariñitos y escuchar sus movidas, pero que molaba porque era una amiga con buenos polvos. Una conversación, digamos, cruda a todos los efectos. Y sin duda algo más osada de lo normal por la compañía masculina.

En el libro que leía mientras tanto, el protagonista hablaba de las personas que aman de verdad. Que eso debería ser un trabajo, que se les debería de mantener por ello porque amar de verdad es algo que ocupa los cinco sentidos la mayor parte de horas al día. Algo tan primordial que se convierte en lo que respiras y piensas constantemente. La verdad es que apoyo la moción. Si conociera a alguien que está así de enamorado, creo que la sociedad debería responsabilizarse de mantenerlo para que pueda centrarse solamente en amar con todos los poros de su cuerpo. Quizá se le podría poner en una vitrina para que lo visiten los niños del colegio entre semana, sobre mediodía. Ná, lo último no lo pienso realmente, es simplemente por ser borde gratuitamente.

Hay una cita que me pareció muy interesante también: “En la vida hay cosas que pueden realizarse y otras que no. [...] Las que se materializan, las olvidamos enseguida. Sin embargo, las que no podemos realizar, las guardamos eternamente dentro de nuestro corazón como algo muy preciado. Éste es el caso de los sueños o de los anhelos. Me pregunto si la belleza de la vida no residirá en nuestros sentimientos respecto a aquello que no se ha cumplido. Que no se haya realizado no quiere decir que se haya malogrado inútilmente. Porque lo cierto es que ya se ha materializado como belleza”

No sabría cómo expresar de cuantas maneras estoy en desacuerdo con ello pero de qué modo me encandilan las aseveraciones expuestas anteriormente. Es algo tan poco occidental pensar así, en un momento en que todo se quiere de un modo inmediato, y sin embargo me parece un error creer que las cosas que se materializan son de menor importancia. Sería como volver al humanismo del amor cortés. Pero si creo que, de algún modo, la belleza residen en los sentimientos... respecto a lo cumplido y lo no cumplido. El modo en que la mente repasa cada momento, queriendo modificar algunos pequeños gestos, deseando haber conseguido la perfección. Me pondría a hablar de signos, símbolos, palabras huecas y grandes conceptos. Pero creo que vale con decir que la belleza real es, al fin y al cabo, simplemente imaginada.

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