Y a veces pienso que ojalá pudiera juntar todas esas frases
que brillan entre las palabras de millones en un mismo sitio y construir el
discurso perfecto. O arrancar los cachos de canciones que dan magia a una
música manida y repetida, para hacer el tema perfecto. O conjugar en una sola
persona todas las cosas que admiro de muchos pequeños individuos que tienen
momentos y gestos de luminosidad entre nuestra mayoría mediocre. Supongo que
eso mismo pensó Victor Frankenstein cuando creó a su criatura. La Idea
impecable e irreprochable nunca puede existir. Al final, cargados con nuestras
historias, sueños, deseos y experiencias, cada uno derivaría en una cosa
diferente. Tu perfección es mi monstruo.
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