¿Quién inventó el silencio? Es curioso que se haya podido
imaginar. Es decir, siempre estamos rodeados de sonidos – incluso si nos
escondiéramos en una cámara acorazada, completamente hermética, nuestros
propios sonidos nos acompañarían. Respirar, movimiento, los extraños
estiramientos de nuestro interior. Me pregunto si, en la sordera, aún se pueden
escuchar nuestras propias vibraciones. El silencio existe como concepto porque
pensamos que somos capaces de imaginarlo, pero ¿y si la nada también se escucha?
Las ideas son así, imagino. Grandes creaciones de una humanidad descarriada, que es incapaz de ser coherente consigo misma. Creando esas ideas con mayúsculas de las que podemos ver leves sombras. Comparándonos contra la imposibilidad de algo absoluto. Una buena manera de destruir cualquier cosa que podamos elaborar antes de empezar su construcción. Es curioso el pensamiento abstracto, la necesidad de envolvernos en las líneas potenciales de cuánto es tangible, hilvanando un bosque de madejas. Si no podemos conseguir lo imposible, ¿por qué esforzarnos por lo posible?
Y una de las cosas que más me sorprenden del paso del tiempo
es la construcción de las murallas a nuestro alrededor. Todos los lugares
públicos que conozco han alargado sus cercos, han elevado sus muros, han añadido la sombra
metálica de una verja a sus cortas tapias. ¿Tanto daño hacían cuatro niños
saltando una pared una tarde de domingo para usar un patio ajeno? ¿Una pelota y
tres patadas bastan para romper el orden y sesgar la libertad? Me pregunto si
hasta los niños han cambiado, y es que harían muchas más maldades ahora, si
pudieran entrar. Si el dolor que infligimos es directamente proporcional a la dificultad que vencemos. O si la creación de un espacio visible pero infranqueable es nuestra
nueva manera de entender la avaricia y el orgullo.
Me pregunto cuándo dejé de saltar vallas y de franquear
muros. Cuándo perdieron el interés las formas de los árboles a oscuras, la
magia del patio de cemento sin centinela, los caminos desocupados. Y me
pregunto si, cuándo perdí la idea de lo posible, me así únicamente a lo viable.

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