martes, 14 de octubre de 2008

Things can never emerge from words

Hoy la luna estaba casi llena, cubierta por una halo de niebla que deja su luz más pálida y no pude evitar mirarla mientras andaba hacia casa. Era tarde, así que aminoré el paso y me quede mirandola. Por una parte pensé que era casi trágico tener que verla desde dentro de la ciudad, porque se que tendría que parecer algo completamente diferente sin estar cegada por todas las luces de las farolas. Por otra parte pensé que lo realmente terrible era que nadie se paraba a verla. La gente no disfruta lo bello. No se toma un segundo y admira lo que le llema la atención. No sé si es por vergüenza porque no entra dentro del ritmo de la ciudad, pero creo que acabamos teniendolo todos como una parte tan primitiva de nosotros que no podemos evitar cortar los momentos que estamos disfrutando en vez de alargarlos o simplemente difrutarlos al 100%. No puedes mirar un edificio con curiosas gárgolas o la modernista reja redondeada con lineas como proyectiles desde la base abierta como una abanico o un cruce que se queda absolutamente desierto sin levantar sospechas ante ti mismo. El tiempo corre y no somos capaces de retenerlo. De parar y de respirar un instante solo, sin atiborrarnos de los demás que le suceden. Creo que deberíamos aprender a mirar de nuevo con los sentidos en vez de dejar pasar los momentos que son bellos. Aunque sólo sean eso. Momentos.

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