Cada día soy más egoísta y me parezco menos a una persona buena. Hay poca gente que conozco que sea realmente buena. Vamos, de esas personas que piensas que casi pueden ser tontos de lo rectos y honestos que son. No solo porque no hagan cosas malas, sino porque realmente ni las piensan. Las opciones incorrectas ni se les pasan por la cabeza. No creo que sea una persona especialmente malvada, pero no soy buena tampoco. Ya sé que muchas de las ofensas dependen del punto de vista y haciendo algo que crees que no es negativo puedes hacer mucho daño a alguien, pero tampoco me refiero a eso. Pensaba en una frase de la última novela de Ray Loriga – que, por cierto, aprovecho para decir que es un poco más pretencioso con cada enunciado que escribe aunque no significa que no sepa dar en el clavo en muchas ocasiones – que buscaré y postearé. Era algo así como que al protagonista de su novela le sabían mal las cosas que pasaban a los demás, pero lo realmente trágico es lo que le pasaba a él, aunque en comparación no fuera realmente importante. Poco a poco eso es lo que me pasa. No entreno con suficiente consistencia mi empatía, imagino. Ayer vino un chico a la oficina, creo que era africano y buscaba curro porque era cantante. Estuvo poniendo temas suyos, y cantaba muy bien, por cierto, pero realmente no había curro para él. Yo pase un poco del tema, porque estaba enfrascada en mi trabajo y en una conversación del facebook con Liz simultáneamente y mis pensamientos me rodeaban a mí misma de forma pegajosa con demasiada intensidad para salir de ellos. Andrea estuvo hablando con él. Escuchándole, haciéndole caso, dejando pasar minutos y minutos aun cuando ya le había dicho que no había curro para él. Se fue con él a hacer recados y todo y al volver, yo me iba. Me comentó que le iba a ir a comprar algo de cenar y a intentar enseñarle algún sitio donde quedarse o algo. Y pensé que estaba algo loca, que el tipo era una molestia y me fui. Tardé casi veinte minutos en darme cuenta de lo absolutamente arrogante que había sido. No es que yo no haya tenido mis momentos de generosidad aleatoria a menudo, pero no pude ver que su posición podría ser la mía. Que el día de mañana puedo ser yo la persona que pida algo, o que tenga algo que ofrecer y nadie quiera ver más allá de mi desesperación. Y eso que, seguramente, tengo menos que ofrecer que este chaval. Me doy cuenta, a veces, de lo simples que somos. El otro día le contaba a un amigo una de las cosas malvadas gratuitas que hice cuando tenía unos 12 años. Me encontré una cartera en el Pans & Company y me la quedé. Y eso que sólo tenía dentro como mil pesetas. Podría habersela dado al chico de la barra, pero no lo hice y no sé por qué. Me dio tanta vergüenza habérmelo quedado despues que aun conservo la cartera, para recordarme en qué me puedo convertir en cualquier momento. Para recordar, o mejor aun, para tener presente. Ese es nuestro problema y nuestra maldición. Para cada uno de nosotros, todo lo que hacemos es siempre único, nuevo, absolutamente importante. Nunca aprenderemos de lo ya pasado porque a nosotros nunca nos pasará igual, claro. Aunque nos repitamos más que las alubias. O la cebolla, o lo que quieras. Ayer vi un documental sobre Medusas que daba un mal rollo bastante grande. Sobre todo una cosa sobre las medusas de Nomura. Básicamente es una ilustración sobre lo tontos que somos. Más o menos iba de que el gobierno japonés estaba pagando a gente para masacrar a las medusas, pero que cuando las medusas eran atacadas echaban sus cientos de miles de huevos y espermatozoides que caían al fondo del océano y se convertían en millones o billones de pólipos esperado a convertirse en tantas otras medusas. Sandez supina, básicamente. Pero daba bastante miedo, aunque no viene especialmente a cuento.
Hoy he comido con mi madre y en la conversación dijo algo como ‘Everybody is a pain’. Una verdad como un templo, porque madre no hay más que una. Pero también estaba bastante positiva. Hablaba de las canciones que le hacen ilusión, las más simples, las que no hablan de grandes cosas sino de las mundanas en las que deberíamos pensar nosotros – los agradecidos habitantes del mundo rico – para ser felices. Para recordar la suerte que tenemos. Para despertar todos los días y, al contrario de lo que hice yo ayer, poder ver a la gente y oír a la gente que nos rodea. Sus ejemplos fueron ‘I Just called to say I love you’ de Stevie y Serrat con su ‘Hoy Puede ser un gran día’, pero cada uno puede encontrar los suyos. Se ve que la gente que tiene apellidos que empiezan con la ‘S’ tienen un talento positivo. Mi madre lo tiene.
Releyendo lo que contaba, me hace gracia una cosa que he recordado que decía Doris Lessing, persona que, por cierto, desconocía en todo salvo en el nombre hasta que vi un pedazo de una entrevista suya el otro día por la tele. Más o menos venía a decir que la literatura ya no es útil para la vida. Que cuando ella crecía la gente contaba algo y tomaba referencias de las novelas que había leído. Que todos, hasta los más humildes, devoraban alguna novela, aunque fuera de folletín. Imagino que sería el orgullo de haber pasado de una generación casi analfabeta a un mundo en que leer lo podía significar todo. Ahora ya nadie lee, porque ahora ya no significa nada.
Quiero ver ‘Leaving Las Vegas’ porque, lo creáis o no, no la he visto aun. Queda apuntado para el fin de semana.
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