lunes, 5 de enero de 2009

Originales y Versiones

Hoy tengo la cabeza llena de ideas y de palabras. Primero porque se me ha ocurrido una idea para una historia. Luego porque he estado pensando en unos sueños que tuve y en lo que podrían significar. Y luego porque he ido a comprar, me he hecho la comida, salmón, en honor a Kafka en la Orilla que acababa de terminar, y todo el rato mi cabeza me ha estado hablando. Ya he dicho que me parece raro, porque normalmente pienso en silencio, pero esta vez estaba, sin duda, haciéndose de notar. Hablando alto, como para asegurarse de que me daba cuenta de que estaba aquí y no me iba a dejar en paz en el día de hoy. Me he dado cuenta de que no tengo ningún disco de John Coltrane, artista que quería oír porque salía en la novela de Murakami. Y como buen escritor que es, consigue que cada cosa que describe se convierta en una cosa que quieres conocer. Así que dudé entre Charlie Parker y Chet Baker, decidiéndome al final por el segundo ya que tiene cara de malo de película del oeste y si pudiera empezar otra vez mi vida, ya he mencionado que sería alguien a quien le gustan las películas de oeste, seguro. Y no todo el mundo tiene un disco de Coltrane en casa, y yo no iba a ser menos. El tema 8 era ‘All the things you are’. También lo tengo por Dizzy Gillespie, y la verdad es que me gusta más el del negro que el del blanquito con cara de malo. No sé por qué, pero suele pasar que la primera versión que escuchas de un tema que te gusta sea la que se quede contigo para el resto de tu vida. La que de algún modo tenga un significado completo. Vamos, que una canción te atrapa de una manera y es como un primer amor. Es difícil que haya otra, aunque sea mejor, que pueda hacerte cambiar de parecer. Me pasa también con Billie Holiday y Ella Fitzgerald. En todos los temas que comparten, prefiero a la perdida de Baltimore, con su voz rota y entrecortada que el tono perfecto y melódico de la Lady.

La idea para la historia que he tenido parte de una idea muy sencilla, pero yo no soy escritora y no sé si podría hacer un libro que atrapara al lector de un modo convincente. Aunque me parece que podría ser posible hacer ese libro. A lo mejor ya está hecho, nunca se sabe. Se trata de un personaje que no duerme. Que no puede dormir. Que desde pequeño, sus padres estaban exasperados porque el bebé no dormía, aunque aprendió a quedarse callado con sus grandes ojos abiertos en la oscuridad al notar la hostilidad de sus padres cuando llevaban horas haciéndole compañía y él no daba signos de cansarse. El niño se hace mayor, y tiene unos 20 o así en la novela. Sólo que para él el significado de causa y consecuencia no se formula como para el resto de nosotros. No duerme. Eso significa que el tiempo pasa de manera diferente para él. Significa que para él siempre es hoy. Que no puede llegar al límite de estar realmente agobiado con algo y cerrar los ojos para olvidar. Que no puede llegar realmente a ver las cosas desde otra perspectiva porque no puede despertarse al día siguiente y planteárselo de otro modo. En cierta forma, ha llegado a un nivel de madurez inexistente, de donde nunca podrá crecer más, porque tiene horas y horas para reflexionar, pero no puede nunca apagar sus reflexiones y transformarlas. Kundera dice que ‘con cierta parte de nuestro ser vivimos todos fuera del tiempo. Puede que solo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad’. Nuestro protagonista no carece de edad la mayor parte del tiempo sino siempre. Y ahí reside la trama de la novela. Tiene que demostrar como él permanece plano pero la gente de su alrededor cambia, se moldea, se modifica cada mañana, al despertar. Cada noche, al dormir. Por ahora esta es la forma de la novela, o del relato, como un barro mojado que se puede desgajar. Se me ocurren posibles líneas de argumento. Naturalmente, todas ellas en base a relaciones humanas, al amor, a la pérdida, al desentendimiento. Porque al fin y al cabo esas son las únicas cosas que realmente son iguales para todos, son los temas infinitos, los que nos tocan, en mayor o menor medida, hasta al más maltrecho de los seres humanos que somos.

Sobre lo del sueño, bueno, más que un sueño fue algo así como un presentimiento. Pasó cuando tenía, más o menos quince años. No lo recuerdo exactamente porque ya he dicho que tengo muy mala memoria. Para que entendáis hasta que punto, ayer me encontré con el hermano mayor de una de las chicas que jugaba al básquet conmigo en el instituto. Recordaba su cara, la de su padre, la de su hermana, algunas cosas que habían pasada, pero juro que no conseguí recordar ni de lejos como se llamaba ninguno de ellos. Triste, pero cierto. Creo que he llegado a un punto de saturación de nombres en mi vida que he tocado límite. En fin, a lo que iba. Cuando tenía más o menos quince años me pasó algo bastante terrible. Tiene que ver con un coche, con mi novio del momento, que era y es una persona increíble, y con un roce con la muerte que algún día puede que te cuente. O puede que no. El caso es que yo me porté fatal. Como una cría, porque lo era, pero como una cría estúpida, porque me eché las culpas que no me tocaban y no supe reaccionar. En fin, que lo pasé mal conmigo misma, pero no conseguí ayudar a quien más lo necesitaba en ese momento, que no era yo. Bonito egoísmo egocéntrico y barato. El caso es que un par de días después del accidente me desperté convencida de que a los veintiséis moriría en un accidente de coche. No sé por qué, pero era como una aseveración tan real, tan premonitoria, que desde entonces siempre he pensado que era cierta. Como una sombra que estaba sobre mi cabeza cada vez que abría los ojos por la mañana desde entonces. Claro, en aquel tiempo los veintiséis me parecían tan lejanos que casi me daba igual. Pensaba que tenía toda la vida por delante, que podría vivir todo lo que tenía que experimentar y morir sin titubear. Cómo cambian las cosas con un par de años más de perspectiva. Jajajaja… El caso es que he cumplido los veintisiete y no me he muerto. Me alegro bastante, la verdad, aunque no signifique no dejo de jugar con el peligro muchas más veces de las que debiera, pero bueno. Creo que sí morí un poco con veintiséis años, pero no como esperaba y no en un accidente de coche. Creo que tenía un rumbo de vida fijado, con unas metas, unas ideas que iban poco a poco cristalizándose. Las acciones se repetían, y precedían otras que ya se vislumbraban. Era como en Donnie Darko, la vida guiada por una especie de esfera líquida que te sale del pecho. Una vida de repeticiones y de caminos establecidos. Y de repente se acabó. Lo mismo tiene la culpa mi tío Bob –porque yo tenía un tío Bob-, ese ‘he looks like an old hippie’, aunque sería un resumen muy corto de una historia muy larga. El caso es que de repente todas las cosas que parecían seguir un sendero fácil y llevar una direccionalidad clara estaban desperdigadas. Y me siento un poco como si hubiera vuelto a los quince, solo que ahora me levanto de ese sueño, me siento en la cama un poco entumecida y con una especie de nube en la cabeza. Pero a medida que la niebla se disipa, que voy al baño y me lavo la cara, que me visto y desayuno, el sueño desaparece para siempre, como tantos otros y no forma parte de mi futuro. Sé que no es así, porque el tiempo no corre hacia atrás, pero siento como si hubiera muerto un poco mi vida. Y, aunque siga anclada a tantas y tantas cosas de las que siento la necesidad de responsabilizarme, creo que también soy más libre. Que se abre ante mí una vida diferente y no sé qué camino tomar. Y me da un poco de miedo – y siento un escalofrío por la espalda y escucho a Billie decir ‘Sure started somethin with them there eyes, you'd better watch them if you're wise’. Y no sé si tengo ni una pizca de wise, pero sí sé que puedo mirar al cielo azul, rasgado con algunas nubes blancas y ver el contraste que produce con ese edificio de color amarillo imposible que hay en la esquina de mi calle y estremecerme por un breve momento de belleza impecable. Y eso está bien.

1 comentario:

Alguien dijo...

Yo tampoco tengo nada original de John Coltrane (sí unos cuantos mp3s) y, sin embargo, me encanta. En lugar de a través de una novela, lo descubrí a través de Burton C.Bell, el cantante de Fear Factory, preparando la entrevista que le hice. Es uno de sus músicos de referencia, junto a Al Jourgensen, pero a este último ya lo conocía bastante :P

Va a ser que nos parecemos más de lo que yo pensaba.