miércoles, 29 de julio de 2009

Acróbatas y Sonámbulos

Te miro, nos miro, caminando como podemos sobre nuestra cuerda floja uno al lado del otro pero sin tocarnos nunca. El reloj que acabo de pasar marca las 0.30 y me pregunto si será una evocación del invierno o un desliz. O si realmente fuera posible que, intentando conducir sin manos, haya atravesado el tiempo como quien se escurre sin ser visto a través del vano de la puerta que en grandes letras transparentes dice ‘salida’. Nos encuentro irrisorios, con nuestros trajes demasiado grandes, el sombrero de copa y el paraguas abierto, bigotes dibujados y grandes coloretes rojos en cada mejilla. Tremendamente serios, porque cualquier caída sería trágica y no hay nada más divertido que la desgracia. Un neón en la pared que deletrea ‘risas’ está parpadeando insistentemente con luz roja. Romperíamos a carcajadas si confiáramos un poco más en nuestro equilibrio. Siempre hemos sido todos muy obedientes. Tú en tu cocina y yo en la mía, preparando la cena a la vez, programados y observados desde fuera. Unos grandes científicos con batas blancas sacan el puntero para señalar con exactitud esa manera de abrir la nevera con desgana, algo ladeada y sin duda con un peso inerte entre el esternón y el hígado. A veces cogen a uno de nosotros, como un ratón del pescuezo, y de repente aparezco yo en tu salón o tú en el mío. La interacción es siempre la ciencia más entretenida y la más insalubre. La carpa está llena de funámbulos y el palco está vacío. Las cuerdas se alinean como un ejército de hilos de tender con pequeñas personitas en el lugar de cada pinza, balanceándose de lado a lado con cada ráfaga de viento, llevando sus miedos, sus deseos y sus culpas como grandes lienzos bajo los pies. Demasiado sucios para poder limpiarse con lejía. Esperando un vendaval que les deje en el suelo de cualquier patio de luces para tostarse lentamente al sol, sin tener que preocuparse por volver a ser lo que fueron. O de volver a servir para nada. ‘I’m going nowhere fast’ es algo que saben algunos antes que otros. Nosotros aún no hemos oído esa canción; aún no hemos oído ninguna. Solo estamos practicando para la función final y eso se hace en silencio, al tempo de respiraciones, huellas y exhalaciones. Será nuestra banda sonora algo trivial. Con el ritmo marcado por cada cubierto fregado para uno y el alma embustera de una noche de verano.

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