martes, 7 de abril de 2009
Esferas, Cubos y Geometría Abstracta.
Corriendo en círculos concéntricos y confluyentes voy cada vez más rápido por la vía preferente de los sentidos, derecho a una bonita pared de ladrillo, que tiene pinta de ser muy maciza, por cierto. Hay un montón de gente que cuando oye una ambulancia acechando detrás suya suelta las manos del volante. Puede que tú también lo hagas y no lo sepas. O quizá quedarte parado delante de los focos de un coche cuando está a punto de darte, como un animal en apuros, congelado y petrificado. Una estatua. Más real que lo real, más perfecto, más simétrico. Una vez me pasé la noche hablando con una estatua. Me escuchaba muy atentamente, y a veces alzaba los ojos al horizonte y ponía cara de interés. Como tú. Si mi cuerpo tomara la forma de las cosas que más cerca están de él, me pasaría los días como un rectángulo de pantallas y páginas. A veces líquido y a veces sólido. Con la sexualidad de un cubo y el valor del asfalto. No es una forma fácil de honestidad. Una figurilla moldeable en manos de un cualquiera. El otro día me dijiste que tenías una congojita, y me la imaginaba agazapada dentro del duodeno que va saliendo poco a poco, como la planta de una patata hacia el esófago y acaba labrando unas magnificas flores de color morado en el paladar. Palabras como tubérculos, con significados ocultos que van dibujándose debajo de la tierra hasta formar la representación de un hombrecito venenoso. Insuficiente para matar, pero preparado y listo para herir. Sólo hace falta darle al gatillo. Cambio una moto por otra moto, o por una mota de polvo esperando que la brisa se la lleve veloz hacia el cobijo de un patio interior. Hay días que me ruborizo y muero, aunque esa frase no sea mía. Y luego hay otros en que me hablas y soy yo la estatua. Que puedes abrazarme todo lo que quieras, pero que mi piel es mármol, así que no se curvará con tu tacto. No sirve de nada tanto esfuerzo para no hacer nada, salvo que la nada tendrá más vigor. De todos modos, cero sumado a cero sigue siendo un despropósito, una broma de las matemáticas. Un eco de formas posibles, una sombra del vacío. El sol y la lluvia pueden fluir por igual hacia el mar, porque todo el mundo acaba yéndose. Da igual de qué te llenes las manos, porque la máquina está programada para hacer esa cantidad de perforaciones al día y seguir amontonando libretas de hojas sucias. Ponte los brazos tras la cabeza y reclínate en tu asiento. Total, aunque si el círculo es lo suficientemente grande te da la sensación de ir en línea recta, en verdad no paras de dar vueltas.
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