lunes, 15 de junio de 2009

Acción y reacción

Me miro desafiante el espejo. Mi yo de antes del fin de semana de mi lado, y el nuevo, el del lunes, al otro. Pienso que estoy involucionando. Que las cosas que hago tienen inevitablemente que dejarme marca. Que no soy capaz de cambiar en las cosas grandes, pero que cada vez soy más reckless en las acciones ordinarias. Que cada hecho tiene una consecuencia inmediata. Que cada consecuencia se refleja en mi cuerpo. Soy puro fucking arte. Nada de lienzos, videos, esculturas o happening. Cada día está lleno de trial & error, de hostias sin reflexión, de inmediatez, de vértigo y que cada vez va más rápido. Que el arte último es la consecuencia sin la acción. El resultado sin la reflexión. La consecución de actos cada vez más aleatorios. La vuelta visceral al instinto.

Creo que busco situaciones extremas, absurdas. El regreso a la niñez. Lo que dice David Mack a través de Akemi. Volver a descubrir lo que amabas hacer con diez años y dedicar tu vida a ello. Sólo que, en este caso, tergiversado y oscurecido. Cubierto por una capa de mierda que hay que ir extirpándose poco a poco hasta volver a la inocencia inicial.

Y pienso que posiblemente busco una concatenación lo suficientemente degenerada para que tenga una consecuencia brutal. Un viaje sin marcha atrás. Un desarraigo total. Y así poder arrancarme de todo lo que creo que me rodea y empezar de nuevo. Me asusta la capacidad potencial que tengo de deterioro y autodestrucción. De odiarme. De lesionarme. Pero imagino que la exposición es eso, las fases de la ruina. Y es desde la aniquilación total desde donde se puede construir una nueva obra de arte.

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